Barfly

Cartel BarflyMe ha sorprendido darme cuenta de que Charles Bukowski, el escritor maldito, el borracho provocador, el púgil de palabra y obra, el eterno vagabundo y yo, somos la misma cosa. Parece difícil de creer pero aún más inquietante es darse cuenta de el señor Bukowski se parece no sólo a mí, sino a todos nosotros.

“Aquellos que han cruzado / con la mirada fija / al otro Reino de la muerte / nos recuerdan –si acaso- no / como almas perdidas y violentas, / sino como hombres huecos, / hombres de trapo.” Estas palabras de T.S. Eliot nos definen a todos en función de nuestra insignificancia, nuestro vacío de poder, nuestro lugar en el mundo. Y ahora, en la que parece ser mi semana de Bukowski, por algún motivo recuerdo este poema (sólo de memoria lo de “hombres de trapo”) y lo asocio a este escritor. No porque piense que él es más de trapo que el resto, sino porque en su escritura y en su vida parece tener una conciencia especial acerca de ello.

He visto Barfly, la película de Barbet Schroeder con guión del propio Bukowski, de 1987. Conocía la existencia de la película porque hace algunos años un amigo me prestó la novela Hollywood, también del escritor, recomendándomela con entusiasmo. Yo había leído algunos relatos de este autor que no me habían convencido demasiado pero aquella novela fue una revelación, un auténtico placer que recomiendo a cualquiera que le guste acercarse a los entresijos del cine.

El protagonista de Barfly es Chinaski, alter ego de Bukowski, un descastado paria vagabundo cuyo único placer aparente es la botella y la pelea. En este personaje cuyo único nexo social son los bares y los callejones parece volcar Bukowski todo su saber sobre la condición humana, nuestro código genético desprovisto de mapas para orientarnos, nuestra permanente ingravidez. En Hollywood decía el autor que él no sabía cómo se escribían guiones de cine cuando le encargaron el guión de la película pero creo que con su manera honesta y conocedora de la fragilidad humana logró concebir un magnífico guión que nos habla cara a cara de nosotros mismos. Y con la inteligencia poco común de un escritor que describe esa filosofía con la fuerza de las imágenes, sin artificios linguísticos. Algo realmente asombroso en un escritor que en teoría desconoce el lenguaje del cine. Puede dar la impresión de que es esta una obra triste por su desarraigo, por su desvinculación de los clichés arquetípicos del modo de hacer películas en la costa oeste americana pero a mi juicio es una obra viva, entusiasta, sincera. Y muy divertida, con pinceladas humorísticas propias sólo de alguien que no se toma muy en serio el mundo porque no se toma en serio a sí mismo.

En mi semana de Bukowski he visto también el documental Born into this y entre otras muchas cosas, he visto a Bukowski escapándosele las lágrimas cuando lee un poema y piensa en una mujer. Creo que el mero hecho de pertenecer a esta enigmática especie con cabeza y corazón, hace que un vagabundo paria y borracho, insultador y agresivo se parezca mucho a un trabajador ejemplar que viva, como dice Chinaski, “en una celda de barrotes de oro”. Tanto Bukowski como ese reo dorado han llorado por una mujer.

Albert Camus decía del mito de Sísifo que éste estaba condenado a subir una piedra por una montaña y cuando llegaba a la cima la piedra caía por la ladera. Así que Sísifo bajaba detrás de ella. Cuando se halla de nuevo en el comienzo vuelve a empujar la piedra hacia lo alto para una vez arriba volver a dejarla caer. Así por toda la eternidad. Camus no veía en aquel duro ascenso y regreso hacia la base de la montaña ningún problema. El problema está justo en el momento en que la piedra empieza a caer. Porque ese es el momento de la conciencia.

Quizás entender un poco más a Bukowski, a Chinaski, nos ayude algo a entender esta realidad. Y a divertirnos un poco más con ella.

Alberto García

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