Auguste Comte, la Humanidad como única fe

Auguste Comte“El amor como principio, el orden como base, el progreso como fin”

Una vida tormentosa marcada por la muerte de su gran amor y los desengaños políticos condujeron a Auguste Comte a formular la primera religión en la que no era necesaria la devoción a ser superior, sino respeto por la idea de progreso que se encuentra aletargada en el interior de todas las sociedades.

Nació en Montpellier en 1798, en una familia de marcadas tradiciones católicas y monárquicas que rechazó en cuanto tuvo uso de razón. De hecho, Comte llegó a casarse con una prostituta que terminaría abandonándole, algo que el autor reconoce como “el único error realmente grave en mi vida”. Con todo, aquel abandono le provocó las primeras crisis nerviosas al joven Comte, que a punto estuvo de morir tras arrojarse al Sena. Durante algo más de medio año permaneció internado en un sanatorio para sobreponerse de ésta y otras crisis relacionadas con su agotamiento intelectual y durante este período tuvo tiempo suficiente para replantearse algunos aspectos importantes en su concepción del mundo y de la vida.

Pero no sería hasta mucho más tarde, tras la muerte de su segunda esposa y su musa Clotilde de Vaux, cuando la verdadera filosofía de Comte saldría a relucir. En un prior momento, de forma un tanto descontrolada. Comte llegó a autodefinirse como “El Fundador de la Religión Universal, Gran Padre de la Humanidad” y así predicaba su doctrina entre obreros, jóvenes y aspirantes a políticos dentro y fuera de Francia.

En esta misma línea, llegó incluso a escribir el Catecismo Positivista, un auténtico evangelio de esta nueva religión en el que se contemplaban festividades tan curiosas como consagrar los trece meses del nuevo calendario a figuras como Arquímedes, Aristóteles, Homero o Shakespeare. O rendir culto público a la mujer –providencia moral– y al proletariado providencia general-. Y es que según Comte, no existía nada más “divino” que la propia Humanidad, y era con ella y a través de ella que había que construir esta nueva religión y su espíritu pacifista.

Para ello, sólo existía un dogma que poco tenía que ver con lo espiritual: el Positivismo, en el que de alguna manera Comte había encontrado el componente místico de todas las religiones. La Ciencia Positiva está compuesta de leyes que gobiernan no sólo en la Naturaleza sino a la historia social y los diferentes estadios de su evolución. Ahí está la idea de progreso, perfectamente cuantificable sin recurrir a explicaciones teológicas o científicas. Lo “positivo” es lo real que existe en cada uno de los sujetos que componen la sociedad y, a través de ella, la realidad del mundo. De esta manera, la ciencia de la Sociología podía dar respuesta a todos los problemas del hombre sin necesidad de invocar a ningún Ser Supremo.

Tras su muerte en París el 5 de septiembre de 1857 como consecuencia de un cáncer, la filosofía de Comte iría perdiendo fuerza como religión pero habría asentado las bases de nuevos procedimientos en el ámbito científico. Hoy en día, la Religión Positivista cuenta con miles de seguidores en Inglaterra y en Brasil, donde incluso los sus adeptos se reúnen en templos.

 

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.