Astaná

AstanáLa ciudad que vino del futuro

La actual capital de Kazajistán, Astaná, parece surgir de la nada. En uno de los parajes más inhóspitos de la estepa centro-asiática, los edificios de esta ciudad utópica se levantan sobre los cimientos de la ambición, pero solo el tiempo dirá si consiguen echar raíces que le permitan convertirse en lo que aspira a ser: la gran urbe futurista del noveno país más grande del mundo.

Una vez que Kazajistán se convirtió en una república independiente de la URSS -fue la última en hacerlo- la capital del país se mantuvo en Almatý hasta 1998. A partir de esta fecha se traslada a Astaná, una palabra que en el idioma kazajo significa, precisamente, ‘Ciudad capital’. Hasta el año en que se convirtió en capital de la república, esta ciudad había sido conocida con los nombres de Tselinogran y Akmola -‘Tumba blanca’-.

El frío -se trata de la segunda capital más fría del planeta después de Ulam Bator, capital de Mongolia- no fue un impedimento a la hora de llevar a cabo un radical cambio de apariencia de Astaná. Con el traslado de todos los edificios institucionales a la nueva capital de la república, se inicia una reforma estructural que pretende convertir a la urbe en un espejo de la riqueza energética del país, con una economía que se sustenta fundamentalmente en la producción de uranio y en el petróleo. Es por esto que hay quienes consideran que Astaná es el Dubai de la estepa centro-asiática.

Con todo, Astaná sigue siendo una urbe a medio construir se prevé que esté finalizada en 2030. Sin embargo, su proyecto más ambicioso, iniciado en 2006, aún no tiene fecha de teminación: el Indoor City. Se trata de una carpa de dos kilómetros con la que se pretende ‘cubrir’ la ciudad para crear unas condiciones climatológicas que permita mantener una temperatura cálida todo el año, propiciando la creación de canales de estilo veneciano, grandes parques y jardines y hasta una playa artificial.

Los planos originales para la reforma general de Astaná fueron diseñados por el japonés Kisho Kurokawa, pero en los principales edificios que actualmente conforman la ciudad han participado arquitectos de todo el mundo, entre ellos, Ricardo Bofill y Norman Foster. Éste último se encargó de erigir uno de los edificios más emblemáticos del momento: el Palacio de la Paz y la Concordia.

Por el momento, el turismo no es una actividad reseñable en esta ciudad, sin embargo, su riqueza arquitectónica -en la que hay que destacar tanto la originalidad como los altos estándares de calidad- han convertido a Astaná en una ciudad cuanto menos ‘curiosa’ cuya historia parece venir del futuro que le espera que del pasado que ya vivió.

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.