Artabán, el cuarto rey mago

ArtabánNo existen referencias bíblicas acerca de este personaje cuyo origen se atribuye a una creación absolutamente ficticia del teólogo estadounidense Henry Van Dyke. Pero según esta versión de los hechos, no fueron tres sino cuatro los Reyes Magos de Oriente que buscaron el pesebre en el que había nacido el Mesías guiándose únicamente por las estrellas.

Artabán llevaba una triple ofrenda al niño Jesús. Junto al oro, la mirra y el incienso de sus tres acompañantes, portaba un rubí de las Sirtes, un trozo de jaspe de Chipre y un diamante de Méroe. Se dirigía hacia la ciudad de Borsippa, en la antigua Mesopotamia, desde donde habría de partir junto a Melchor, Gaspar y Baltasar en busca del pesebre en el que había nacido el Mesías. Sin embargo, durante el camino encuentra a un anciano herido tras ser asaltado por los bandidos y le entrega su diamante para que éste pueda continuar. Cuando llega a Borsippa, herido y sin el diamante, los otros tres Reyes habían iniciado la travesía.

A pesar de todo, Artabán decidió continuar con su camino en solitario, pero a su llegada a Judea se encontró con un panorama desolador: el rey Herodes, al sentirse traicionado por los tres Reyes Magos que no le revelaron el lugar exacto en el que había nacido Jesús, había obligado a degollar a todos los niños menores de dos años en la que se conoce como la Matanza de los Inocentes. Artabán, a cambio de su rubí, consiguió salvar la vida de uno de esos niños, pero fue condenado a permanecer encerrado en los calabozos de Jerusalén.

Tres décadas permaneció cautivo Artabán, escuchando las proezas y milagros que se le atribuían al “Hijo de Dios” al que debió acudir poco después de su nacimiento con los regalos que portaba. Treinta años que culminarían con su absolución en el mismo momento en el que Jesucristo era condenado a la cruz. Tras deambular como un vagabundo por las calles de la ciudad, Artabán intenta llegar hasta el Gólgota, fuera de los muros de Jerusalén, para proceder a una adoración que llegaba con tres años de demora. Pero en su camino se topa con una joven esclava que está a punto de ser vendida. Artabán utiliza la piedra de jade para comprar su libertad y se pierde el momento de la crucifixión. En ese preciso instante la tierra tembló y los muros que rodeaban la ciudad empezaron a caer. Una piedra golpeó la cabeza de Artabán, que aturdido por el golpe cree ver al Mesías que le habla: “Tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber, estuve desnudo y me vestiste, estuve enfermo y me curaste, me hicieron prisionero y me liberaste”. El Rey Mago, sorprendido por aquella aparición, pregunta: “¿Cuándo hice yo esas cosas?”, a lo que su visión le responde: “Lo que hiciste por tus hermanos, lo hiciste por mí”.

A pesar de la demora y del sufrimiento vivido, Artabán había cumplido su cometido, y su espíritu se elevó hasta el firmamento, allá donde las estrellas aún nos muestran los caminos.

 

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.