Apagón general

TDT mierdaQué suerte la nuestra que, a partir de ahora, podremos disfrutar de casi una treintena de canales de televisión y, por lo tanto, multiplicar por cinco la basura que diariamente asalta nuestros salones.

Apagón sí, pero en toda regla. Apagón de ideas, de conocimientos, de calidad, de algo que merezca la pena. Me he dado cuenta de que apenas veo la tele salvo para poner series y películas que me descargo de la web sin ningún remordimiento de conciencia. Creo que el mundo me asquea lo suficiente –y unos días más que otros- como para tener que verlo también a través de la pantalla, con sus incongruencias, sus absurdos, sus injusticias, su periodismo de bisutería y toda la parafernalia de su engaño. Creo que ya no me creo nada, y empiezo a estar preocupado.

Hace años –ya demasiados como para seguir manteniendo la esperanza-, pensaba que a través de mi trabajo como periodista iba a lograr hacer algo productivo, algo que de alguna manera tuviera sus repercusiones en el mundo, aunque fuera únicamente en un espacio reducido. Pero creo que el periodismo ha dejado de ser una herramienta efectiva contra la ignorancia y contra la podredumbre espiritual que nos acecha, esa sombra de incompetencia que ha convertido a la televisión en su máximo exponente.

Antes pensaba que esto era una historia simple en la que los buenos, por méritos propios, consiguen sus objetivos y los malos –también por méritos propios- se quedan estancados en su mediocridad. Nadie pone en duda que un cirujano que empuña su bisturí para diseccionar en canal una vida y volver a recomponerla, no tenga claras sus responsabilidades para con el paciente y sus capacidades para desempeñar las funciones propias de su oficio. Si en lugar de un bisturí le diéramos un cuchillo de hoja ancha, ya no sería un cirujano sino un carnicero.

Pero en el periodismo televisivo todo el mundo opera con un micrófono, una herramienta fácil de empuñar y de colocar en la boca de cualquiera que, con un poco de suerte, sepa concatenar un artículo, un sustantivo, un verbo y un adjetivo para formar una oración. También los niños son capaces de enlazar ideas a través de oraciones más o menos complejas y no por ello son verdaderos comunicadores, aunque a veces comunican más con su inocencia que estos terroristas de la información con su prepotencia. El caso es que nadie parece sorprenderse con los improperios que salen de la boca de presentadores y colaboradores de programas de televisión tanto públicos como privados, porque el presupuesto de la parrilla no está directamente relacionado con la calidad de la carne que se le pone encima. Y de esta manera, la tele se ha convertido en una barbacoa de productos requemados en la que todo el mundo quiere meter mano para llevarse la mejor chuleta, conscientes o no de lo indigesta que resulta la chabacanería.

Con el mal gusto que dejan estos atracones de incompetencia me quedo pensando, frente al televisor apagado, en que no quiero empuñar ninguna de estas armas peligrosas del periodismo. No quiero diseccionar vidas ni alimentar al mundo con carne putrefacta. No quiero convertirme en un carnicero.

http://vagabundoperez.blogspot.com/

Vagabundo Pérez

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