Antón Chéjov, la ambición artística

Antón Chéjov“Cuando pienso en mi vocación no temo a la vida”

Aunque compaginó su carrera literaria con la de médico las letras siempre fueron para Chéjov esa “amante” que habría de acompañarle hasta sus últimos días. Más de un centenar de relatos, varios ensayos y una docena de obras de teatro conforman el legado literario de este escritor insaciable.

Chéjov fue siempre un amante de la libertad, algo que seguramente tiene que ver con el hecho de que su abuelo fuera un siervo que compró su libertad. Su padre era un humilde tendero y su madre una gran cuentacuentos capaz de entretener con sus historias a los seis hijos que tuvo este matrimonio. Durante su infancia estuvo siempre de viaje ya que su padre tenía que ir a vender su mercancía por los diferentes mercados de la región, pero debido a la quiebra del negocio y a las deudas acumuladas, tuvo que huir a Moscú. Chéjov no volvería a reunirse con su padre hasta haber acabado el bachillerato, momento en que decidió estudiar Medicina en Moscú.

Ya por entonces el joven colaboraba en numerosos semanarios de la ciudad que le hicieron ganar fama como cronista de la vida en Rusia, y empezó también a escribir y publicar sus primeros relatos. Debido a problemas de salud se trasladó a Ucrania, donde comenzó a trabajar en sus proyectos teatrales, estrenando tras su regreso a Rusia la obra La gaviota.

La idea de la naturalidad y de hablar de personajes e historias verdaderas obsesionó a Chéjov durante toda su vida, por lo que su producción literaria encaja perfectamente en la corriente naturalista. Así es que, a pesar de que al principio la escritura fue únicamente un modo de subsistir, lo cierto es que con el tiempo la literatura se convirtió en toda una ambición artística e introdujo numerosas novedades que hicieron cambiar el concepto de cuentos y relatos breves, el género que lo encumbró como escritor. Chéjov quería remover en lo más profundo del espíritu del lector basándose en la premisa de que un escritor no responde preguntas, sino que las provoca.

Con 44 años la salud de Antón Chéjov está ya muy desmejorada por culpa de la tuberculosis, contraída de los pacientes a los que trató, por lo que pasó algunas temporadas en climas más suaves dentro y fuera de Rusia. Pero aún así, no logró recuperarse de la enfermedad y falleció en 1904 mientras se encontraba de retiro con su mujer Olga en un spa de la Selva Negra, en Alemania. Su cuerpo fue trasladado en el vagón refrigerado de un tren hasta Moscú. Allí fue enterrado junto a su padre.

 

 

 

 

 

 

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