Antikitera, una máquina fuera de lugar

Máquina de AntikiteraMás de una treintena de engranajes componía el mecanismo original de la ‘Máquina de Antikitera’. Un extraño artilugio hallado entre los restos de un barco griego que se hundió allá por el siglo I a. de C., cuando aún no existía una tecnología de este tipo.

La civilización griega no se caracterizó precisamente por sus avances tecnológicos. Es cierto que hubo muchos científicos, matemáticos y pensadores capaces de determinar algunas propiedades de la naturaleza o de calcular distancias impensables para el momento -como Eratóstenes, que realizó una estimación casi perfecta de la circunferencia de la Tierra-. Sin embargo, no hubo una verdadera revolución a través de la aplicación de esos conocimientos a aspectos más prácticos de la vida cotidiana. Por eso, cuando a comienzos del siglo XX el buceador Elias Stadiatos encontró los restos de una embarcación hundida junto a la costa de la isla de Antikitera, el concepto de tecnología en la Antigua Grecia estaba a punto de cambiar.

Se llevaron a la superficie estatuas, monedas, cerámica y otro tipo de objetos entre los que una caja de madera carcomida pasó inadvertida durante mucho tiempo. Sin embargo, era probablemente el artefacto más valioso de cuantos se rescataron del fondo del mar.

La primera impresión es que aquella caja de madera carcomida y bronce era un astrolabio, algo difícil de creer ya que no existían pruebas de que los griegos tuvieran conocimientos de este tipo. Además, existían en la superficie de la máquina una serie de inscripciones demasiado complejas para un aparato de estas características. Hasta la década de los 50 no hubo una aproximación bien contrastada acerca de la utilidad de aquel aparato. Fue Derek J. De Solla Price, afamado físico e historiador de la ciencia, el primero en realizar un informe exhaustivo de la máquina, concluyendo en que se trataba de una especie de ‘calculadora astronómica’: a través de un engranaje motriz -ya desaparecido por entonces- se iban desplazando los más de treinta engranajes que componían el aparato, determinando el movimiento de los cuerpos celestes en función de la hora y la fecha. En definitiva, según De Solla Price, la ‘Máquina de Antikitera’ era un simulador de posiciones en el que por fuerza se necesitaban ciertos conocimientos astronómicos que no se correspondían con la época, de ahí lo sorprendente de este descubrimiento.

Tampoco había forma de explicar para qué se utilizaba aquel artilugio, si como parte de la formación en estudios de astronomía o como un ‘juguete’ de una complejidad extrema. Pero, en cualquier caso, se desmontaban anteriores teorías acerca del grado de sofisticación científica y tecnológica alcanzada por los griegos. O había un error en esto o, verdaderamente, aquel extraño objeto no pertenecía a la Antigüedad Clásica de ninguna de las maneras.

En este punto reside el enigma de la ‘Máquina de Antikitera’, calificada por muchos como un ‘oopart’ –out of place artifact, objeto fuera de lugar-. De Solla Price trabajó durante mucho tiempo en descifrar el funcionamiento del aparato, pero con el tiempo sus investigaciones fueron perdiendo fuerza entre la comunidad científica.

Recientemente, los análisis y estimaciones realizadas por el prestigioso físico fueron retomadas por un equipo de investigadores de la Universidad de Cardiff bajo las instrucciones de Mike Edmunds y Tony Freeth quienes, partiendo de los estudios de De Solla Price, creen haber desentrañado todos los misterios de la ‘Máquina de Antikitera’ en cuanto a cálculos se refiere. Este equipo ha conseguido recrear su funcionamiento de manera muy precisa y esperan poder llegar a crear una réplica por ordenador capaz de realizar estos cálculos siguiendo un procedimiento exacto al que utiliza la máquina.

No se ha averiguado, sin embargo, con qué finalidad utilizaban los griegos esa máquina y qué grado de desarrollo tecnológico habían alcanzado en la época en la que desapareció en la profundidades del océano.

 

 

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