‘Amor y letras’

Amor y letras

Hacerse viejo no está tan mal.

Josh Radnor, al que todos conocemos como el protagonista de la serie Cómo conocí a vuestra madre, se estrena como director de una comedia romántica escrita con inteligencia e interpretada con acierto, pero a la que le falta un pequeño empujón para terminar de brillar con luz propia.

En Amor y letras no hay grandes conflictos dramáticos y, a pesar de todo, esconde un mensaje verdaderamente aterrador: cómo nos transformamos al hacernos mayores. La perspectiva de Radnor es que lo ciclos se repiten con aspectos bastante similares, pero en algún momento siempre existe la posibilidad de elegir entre el desengaño, la resignación o la realidad de que el tiempo nos transforma y eso puede ser una tragedia o no.

El protagonista de esta historia está en un momento de su vida en el que tiene que dar ese paso definitivo hacia otra concepción de su vida. Puede quedarse anclado en esperanzas pasadas, condicionando muchas de sus decisiones futuras que irremediablemente estarían condenadas a un cierto hastío vital, o puede asumir que no tiene ni la capacidad, ni la obligación ni la necesidad de transformar un mundo perfectamente habitable sin que todas las piezas tengan que encajar a la fuerza.

Amor y letras es una película sobre generaciones que narra con cierta chispa como los veinteañeros quieren ser treintañeros, los treintañeros quieren recuperar la ilusión de la juventud y los que ya pasan de los cuarenta no tienen demasiado claro si es mejor volver la vista atrás o mirar hacia adelante.

 

Celina Ranz Santana

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