‘Amigos’, ni de lejos la comedia española del año

Cartel de la película AmigosCuando voy a ver una comedia y no me hace gracia, la cosa tiene efectos secundarios. El resultado de esta frustrada predisposición a la risa se convierte en mal humor.

Sé que no debería hablar de mis sentimientos sino de la película en cuestión, pero en este caso ambos aspectos están tan unidos que no consigo separarlos. Toda crítica tiene algo de subjetivo -porque para gustos, colores- y en esta ocasión, más que nunca.

Cuando salí del cine después de ver Amigos -la película dirigida por Borja Manso y Marcos Gabotá– estaba indignada. Mes esperaba una Días de fútbol o un Que se mueran los feos. Una de esas comedias españolas que no te cambian la vida pero que te hacen olvidarte de las cosas importantes, condición indispensable para disfrutar de esos breves momentos que dura la felicidad.

Sin embargo, me encontré con una película mal estructurada, mal dirigida y mal protagonizada, con un humor que se regodeaba en lo facilón, más al estilo de las malas comedias norteamericanas -tipo Scary Movie– que de las buenas españolas –El otro lado de la cama-. En definitiva, me sentí engañada.

Los chistes de Jaimito y los pésimos cameos -queriendo seguir, tal vez, la brecha abierta por Santiago Segura en la saga de Torrente– no consiguen levantar esta película que resulta tremendamente aburrida durante la primera hora e insultante el resto del tiempo. Entre los actores, el único que se salva es Ernesto Alterio, pero cuando la dirección y el guión no tienen fuerza, es imposible exprimir la calidad interpretativa de un buen actor.

Los clichés no funcionan, y eso que siempre son un buen recurso para las mentes escasas de originalidad. Y el argumento no deja de ser otro de los absurdos de la película: tres amigos de la infancia enfrentados por la herencia millonaria de un cuarto amigo de la infancia que acaba de fallecer. El que consiga la cuota de audiencia más alta en televisión, se quedará con el dinero.

En este quiero y no puedo, los directores de la película -que además adolece de un exagerado tufo a Telecinco- pretenden hacer una crítica de la televisión actual, pero no llegan; intentan hablar de la amistad, pero se quedan cortos. Y lo peor de todo, han querido hacer una comedia y ésta no tiene apenas gracia.

Nos han vendido Amigos como la comedia española del año, pero no la recomiendo ni para huir del sopor veraniego en una sala de cine con aire acondicionado.

 

Celina Ranz Santana

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