Alicia en el país de las maravillas

Alicia en el País de las MaravillasOh, Alicia / En el país de la codicia / De los macarras que la vician / La dulce Alicia / La poli va buscando a Alicia / En el país de la malicia / Y no puede salir / Oh, Alicia / En el país de la avaricia / En el país de la heroína / La dulce Alicia / Alguna vez será noticia / Se dormirá en una caricia / Y no despertará.

Los que no conozcan aquellas maravillosas, líricas y sarcásticas letras de La Polla Records se habrán extrañado bastante al leer el comienzo de este artículo. Los que las conozcan puede que también. Tiempo ha que yo escuchaba este estupendo vinilo, el Disco negro lo llaman, probablemente porque ese es el color de la funda y por la ausencia de otro encabezado que no fuera el nombre del grupo. Tiempo ha también que yo leía las magistrales novelas que hicieron de Lewis Carroll un escritor universal, lo cual probablemente se deba a que no renunció a ser un niño sin por ello renunciar a ser un adulto.

Su influencia es tan grande que hasta los miembros de un grupo punk o de lo que se conocía también como rock radical hicieron suyo el personaje para convertirlo en una anti-heroína, nunca mejor dicho, suburbana. Es lo que tienen los clásicos, que parecen aguantarlo todo. Puestos a elegir, yo prefiero la canción de este grupo de los discos viriles a la versión de Tim Burton. No porque la película de éste sea mala, sino porque la música punk es muy pegadiza, cosa que no saben los que no la han escuchado. En el fondo no hay gran diferencia entre escuchar la canción del verano y escuchar a La Polla Records o a Reincidentes. Si eres un poco protestón y llevas un pequeño salvaje dentro de ti, te gustará. Ojo, lo mismo opino de la ópera italiana, con la salvedad de que no hace falta ser rebelde para escucharla.

En un artículo anterior dije que las grandes novelas no deben adaptarse al cine porque nunca la versión cinematográfica hará honor a la escrita. Después dije que tenía muchas ganas de ver Alicia y de caer en la contradicción teórica. Bueno, ya la he visto. Y ni lo uno ni lo otro. Porque no soy el más listo del mundo y hay otros que también conocen este tipo de experiencias fílmicas basadas en las grandes novelas. Esto es, hay cineastas que también piensan. Tim Burton piensa. Y como piensa, habrá encargado el guión de ese fantástico mundo de Carroll bajo el condicionante de que no fuera una adaptación al uso, así que han hecho una supuesta tercera parte de la historia, cuando Alicia creció y volvió al país que algún día conoció o que algún día imaginó conocer.

Creo que en lo referente a las odiosas comparaciones entre libro y película ésta sale bien parada gracias a ese estratégico truco que de alguna manera la blinda contra esto. Ahora bien, eso no le evita la valoración como película en sí. Alicia en el país de las maravillas y Alicia a través del espejo son dos magníficas novelas con un enorme potencial –bien sabe Disney- para el público infantil debido al universo mágico, loco y colorido con el que se encuentra la protagonista que es, por cierto, una niña. Pero es uno de esos extraños casos en que la literatura contenida en estos libros posee rasgos psicológicos y sociales a los que difícilmente pueden acceder los niños. Son novelas-cebolla, ofrecidas para todos aquellos que deseen asumir el reto de quitarle capas y probar si, al hacerlo, derraman lágrimas al descubrir lo que se esconde debajo. Una carga de lucidez perfectamente concentrada, algo estimable para catalogar a un libro como grande. Y, como se sabe, hay pocos trucos fiables para no llorar con la peladura de las cebollas.

Creo que Tim Burton, que como digo, es un tipo listo, ha visto algo de ese submundo ácido y gráfico escondido bajo la piel de Alicia y es por ello que ha decidido rodarlo de una manera tal que el espectador adulto pueda al menos atisbarlo. Como reto no está mal pero creo que se ha quedado en un buen intento. Su ritmo, su universo visual, el desarrollo de los personajes, sus planos nos conducen a los intrincados laberintos del mundo-Alicia pero quizás las claves narrativas del guión no nos permiten caer en la madriguera de la conciencia reveladora de Carroll.

Puede que todo sea más simple, puede que Burton no sea tan listo. Puede que lo sea más de lo que digo. Pero yo sólo he leído en una ocasión las dos novelas de este loco británico y no puedo quitármelas de la cabeza. Porque estoy seguro de que ese conejo blanco no es sólo un conejo blanco, de que Humpty Dumpty es mucho más que un simple huevo parlante (una pena su no inclusión en la versión de cine) y de que, en definitiva, estas novelas son dos de los textos más subversivos a los que me he enfrentado.

Alberto García

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