Alejandro Dumas… y compañía

Alejandro Dumas“El orgullo de quienes no pueden edificar es destruir”

A pesar de ser uno de los escritores más importantes de Francia, Alejando Dumas -padre- no es sólo famoso por su prolífica producción literaria sino por la coordinación de un importante número de ‘colaboradores’ que le ayudaron en esta empresa.

Los que lo conocieron lo describían como un hombre altivo y egocéntrico, pero con una capacidad de oratoria tan particular que convertía cualquier anécdota en todo un acontecimiento. A Alejandro Dumas le gustaba pasearse por las fiestas y recepciones más destacadas de París y alardear de sus proezas literarias y de sus capacidades físicas, que suponía más que interesantes para el ámbito femenino.

Teniendo en cuenta que el escritor publicó más de 300 obras y una innumerable cantidad de artículos periodísticos, no es extraños que muchos se plantearan seriamente de dónde sacaba el tiempo Dumas para ponerse a trabajar.

Ya en su época se sabía que todo lo que Dumas publicaba no había salido precisamente de su pluma. El escritor se ha convertido en una figura emblemática de la literatura francesa, y aunque no se ponga en duda su genialidad a la hora de escribir, sí ha sido necesario poner ciertos límites la hora de determinar cuál era su producción propia y cuál corría a cargo de su séquito de ‘negros’, escritores en la sombra que engrosaban la lista de sus publicaciones.

Se cuenta como anécdota que en cierta ocasión Alejandro Dumas padre le preguntó a Alejandro Dumas hijo “¿Has leído ya mi última novela?” a lo que éste respondió “No, aún no. ¿Y tú?”. Al parecer, incluso los propios círculos literarios de la época conocía las prácticas ‘deshonestas’ de este escritor que se atribuía el éxito de todo lo que se publicaba bajo su nombre. Incluso se le nombraba como “Alejandro Dumas…y compañía”. Pero lo cierto es que no era el único escritor que contaba con estos peculiares ‘colaboradores’ que le sacaban adelante el trabajo sucio en ocasiones con una calidad literaria muy superior a la que Dumas podía aspirar.

En cualquier caso, los análisis han constatado que Dumas sí escribió gran parte de sus obras y que otro importante número de ellas se escribieron en ‘colaboración’ con autores en la sombra, algunos tan destacados como Auguste-Jules Maquet, que sin duda le ayudó con las novelas dedicadas a D’Artagnany los Tres Mosqueteros o El conde de Montecristo.

Hasta el mismo momento de su muerte, Dumas mantuvo esa actitud carismática tan particular que le hacía inmune a las críticas. Cuando en su lecho de muerte el médico le visitó para informarle de que se encontraba muy mal, le preguntó si tenía alguna última voluntad, a lo que Dumas respondió: “sí, la opinión de otro médico”.

 

 

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