‘Agosto’

'Agosto'Cuando ya está todo dicho, no quedan sitios donde esconderse.

Con ciertos aires teatrales John WellsThe Company men– lleva a la gran pantalla la historia con la que Tracy Letts –que firma también el guión de la película- ganó el Premio Pulitzer en 2008: August: Osage County.

Tras la desaparición del cabeza de familia, los Weston se reúnen en su rancho de Oklahoma y durante varios días sacarán a relucir sus miserias y sus secretos en un ambiente caótico y asfixiante que anticipa el declive.

Agosto es una especie de eclipse de sol familiar en el que la luz se va apagando a medida que el pasado avanza sobre el presente, lo aplasta y lo zarandea hasta dejarlo a oscuras. Pero todos necesitan aferrarse a algo cuando la sombra comienza a disiparse y los primeros destellos de luz asoman después de los temidos momentos de oscuridad.

Es en esos instantes de confusión y de miedo en los que salen a flote los sentimientos reprimidos, la desesperación y la necesidad de vaciarse los bolsillos de pañuelos usados, tornillos oxidados y mensajes emborronados. Los personajes de Agosto forman parte de una explosión de sinceridad incontrolable, hiriente y destructiva pero, sobre todo, tan sorprendentemente honesta que nadie sabe qué hacer exactamente para sobrellevar el impacto.

Meryl StreepSi de verdad quieres, La dama de hierro– es la conductora de este encuentro demencial que no dista tanto de una cena navideña entre cuñadas que no se soportan, sarcasmo y mentiras. Pero sobre todo, un encuentro en el que se pone de manifiesto que nadie es capaz de escapar del dolor, independientemente de cuál sea su origen, sin que queden algunas heridas sangrantes. Su personaje es tan odioso como cautivador, e intenta compensar todo lo que demuestra de maldad con todo lo que esconde de inseguridad. Pero la carga que arrastra es demasiado pesada, incluso para una mujer tan fuerte y soberbia como ella, destinada a hundirse en el sopor de una casa abrasadora y llena de secretos.

Es una liberación absoluta, una tormenta de verdades que dejan todo anegado de viejos rencores y nuevos miedos. Porque lo malo de que todo haya quedado dicho es que ya no quedan sitios donde esconderse.

 

Celina Ranz Santana

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