Agatha Christie, personalidad y personaje

Agatha Christie

“La mejor receta para una novela policíaca: el detective no debe saber nunca más que el lector”

Tal fue el mimetismo de esta escritora con sus personajes que hasta “se hizo” desaparecer. El suceso tuvo lugar en una carretera de Newland’s Corner, al sudeste de Inglaterra, donde fue encontrado su coche cuando Agatha llevaba casi diez días desaparecida.

Este misterioso episodio en la vida de la escritora, que apareció en un hotel cercano donde se había registrado con el nombre de la amante de su marido y afirmó haber sufrido amnesia, es uno más en una vida llena de aventuras, que ni ella misma hubiera sabido escribir mejor. Y es que desde que Agatha Christie contrajera matrimonio con el coronel Archibald Christie, arrancó el argumento de una historia novelesca.

Agatha Christie nació el 15 de septiembre de 1890 en Torquay, Devon (Inglaterra), y fue la menor de tres hermanos. Fue su madre la que, tras la muerte prematura del padre, decidió hacerse cargo de la educación de Agatha hasta que ésta, con 16 años, se fue a estudiar canto, danza y piano a París. Años más tarde, en 1912, conoció a su primer marido, el coronel Archibald Christie, con quien se casaría en 1914 y tendía una hija. Durante la I Guerra Mundial él estuvo combatiendo en las Royal Flying Corps mientras ella trabajaba de enfermera voluntaria en Inglaterra, un puesto con el que obtuvo numerosos conocimientos sobre fármacos y venenos y del que sin duda obtuvo todo tipo de argumentos para sus novelas. La primera de ellas sería “El misterioso caso de Styles”, en el que se da a conocer al que se convertirá en uno de los grandes detectives de la novela policíaca: Hércules Poirot. Apenas dos años después, Archibald fue contratado como director financiero en un viaje por todo el Imperio Británico al que se llevó a su esposa. Durante 11 meses la pareja recorrió el mundo, siendo la primera experiencia aventurera de la autora que tras su regreso a Inglaterra se tuvo que poner manos a la obra en el oficio de escribir ante las dificultades económicas que comenzaba a atravesar la pareja.

Las cosas se fueron complicando y la relación entre ambos terminó de enfriarse tras la muerte de la madre de Agatha y la petición de divorcio de Archibald, que mantenía desde hacía tiempo una relación con una antigua secretaria. Agatha cayó en una gran depresión de la que sólo logró reponerse viajando. Y, curiosamente, algunos de esos viajes hicieron que la escritora, muy moderna para los tiempos que corrían, viajara por el Archipiélago Canario. Pasó varios meses en Las Palmas de Gran Canaria y en Puerto de la Cruz, donde está inspirada su obra “El hombre del mar”.

En uno de esos viajes de retiro “secreto”, Agatha visita Bagdad por segunda vez y conoce al arqueólogo Max Mallowan, del que se enamora y con el que termina casándose a pesar de las presiones sociales de la época (Max tenía 14 años menos que ella). El arqueólogo y la escritora comparten 46 años de matrimonio e infinidad de viajes por desiertos, ruinas y yacimientos arqueológicos a los que Max es desplazado por motivos de trabajo. Y mientras, Agatha escribe. Escribe como nunca antes lo había hecho, dejando tras de sí un rastro de más de un centenar de novelas y obras de teatro. Y como los personajes trascienden a las personas y Agatha Christie fue, en muchas ocasiones, una creación literaria, su talento sigue sorprendiendo incluso después de su muerte, y el pasado mes de agosto se descubrieron los manuscritos de dos novelas inéditas que “la reina del crimen” había dejado escritas con el célebre Hércules Poirot como protagonista.

 

 

 

 

 

 

 

www.agathachristie.com

 

 

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