Acción sin reacción

Los próximos tres díasLos próximos tres días, la última película protagonizada por Russell Crowe, entra con calzador en el género del thriller judicial y cumple con las expectativas del entretenimiento sin detenerse demasiado en la complejidad de la trama.

La última película dirigida por el canadiense Paul Haggis no llega a la altura de sus anteriores trabajos -ya sea como director o como guionista- en Crash, Million Dollar Baby o Cartas desde Iwo Jima. En Los próximos tres días Haggis se atreve con el género del thriller -o algo similar- pero no termina de encajar bien los puntos fuertes de una película que se precipita en la última media hora pero que durante los primeros sesenta minutos se hace tediosa e inverosímil.

En el papel protagonista, un Russell Crowe con la misma cara de perro triste de siempre intenta liberar a su mujer de una sentencia de cadena perpetua por un asesinato que no cometió. Una empresa digna de un auténtico héroe que en este caso no deja de ser más que un intento fallido de transformar al bueno en un malo con remordimientos. Durante más de una hora el personaje protagonista intenta llevar a cabo su plan de escape recopilando en Internet información tan variopinta que le permiten desde fabricar una llave maestra hasta reventar la cerradura de una furgoneta. Así, Russell Crowe pasa de ser un insulso profesor de instituto a convertirse en una especie de espía que tontea con la mafia para conseguir un arma y documentación falsa que le permita iniciar una nueva vida con su esposa y su hijo fuera de la ciudad.

Pero hasta que el protagonista ejecuta el plan de huida -tres días antes de que su mujer sea trasladada a otra prisión- el espectador tiene que soportar un sinfín de escenas incongruentes que no hacen creíble ni la evolución del personajes ni el desarrollo de la trama.

Con todo, el ritmo de esa última parte levanta en cierto modo los ánimos de un espectador que se debate entre el tedio y la indiferencia ante unos personajes con los que no se puede empatizar porque pasan tan inadvertidos por el guión como el propio argumento de la película.

Celina Ranz Santana

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