Abejas asesinas

Abejas asesinas

Abejas asesinas

El carácter agresivo y expansivo de estas abejas las convierte en una amenaza para el planeta

Las abejas africanizadas son las más peligrosas del planeta. Una mutación genética ha sido la responsable de que estos híbridos procedentes de la subespecie natural africana Apis mellifera scutellata sean hoy en día conocidos como las abejas asesinas.

Hasta hace unos años la media anual de fallecidos en Estados Unidos como consecuencia de su ataque era de alrededor de medio centenar de personas, pero esa cifra no sólo ha ido en aumento sino que se ha extendido a otras partes del mundo donde las abejas asesinas no habían tenido protagonismo hasta el momento.

¿De dónde procede este híbrido tan violento?

El origen de las abejas asesinas se encuentra en un laboratorio de Brasil en 1956 cuando un equipo de investigadores realizó un cruce entre especies europeas y africanas con el objetivo de mejorar la especie. El resultado fue lo que se conoce como abeja africanizada, un híbrido que debido a un error en el laboratorio logró escapar de las instalaciones y emigrar hacia el norte, instalándose en colonias al sur de Estados Unidos.

Hacia la década de los 80 comenzaron a identificarse estos primeros grupos de abejas especialmente sensibles a la presencia humana. Lo de ‘asesinas’ tal vez es un calificativo que les va demasiado grande, pero lo cierto es que en comparación con otras especies sí que se destacan por su particular agresividad y por ser muy dañinas para el medio y en ocasiones también para los humanos. De hecho de manera puntual se han producido ataques verdaderamente significativos. Aunque si hay una amenaza real con respecto a las abejas y el ser humano no es precisamente la presencia de estas abejas africanizadas sino el hecho de que las abejas, como especie en general, están desapareciendo, algo que puede traer consecuencias desastrosas para el planeta.

Abejas asesinas: veloces, violentas y numerosas

El veneno de las abejas asesinas no es más peligroso que el de la abeja común. El problema está en que esta especie actúa siempre de manera más numerosa y es más insistente. Es decir, una persona nunca sería atacada por una única abeja africanizada sino por una gran parte de la colonia y de un modo que puede considerarse brutal si se compara con la forma de proceder del resto de las abejas.

Además, las africanizadas son muy sensibles a la presencia humana y aunque su propósito nunca sea el de atacar a las personas sino el de defender sus colmenas y a su reina, lo cierto es que esos mecanismos de defensa naturales se activan mucho antes que en el caso de una abeja común, por lo que el margen para escapar al ataque cuando se está cerca de una de estas colonias es mucho menor.

 

 

El Ilustrador

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