A un paso de la mayor crisis del Capitalismo

Tras la prostitución del lenguaje político se encuentra el secuestro de las libertades prometidas. Lejos quedaron los cantos a la igualdad, tras la fiera influencia y condicionamientos del Capital sobre los gobiernos.

Por un tiempo pareció que los avances y el progreso se afianzaban en la historia, de forma que el retroceso era impensable, por incomprensible, por ser considerado casi inaceptable, en un camino de la humanidad que al final, tristemente, está condenada a repetirse en sus errores, máxime, cuando esto coincide con fuertes intereses económicos.

Lo cierto es que el capital y la riqueza tiene límites. Que aquella visión del cielo que tuvieron algunos, una vez caído El Muro, una vez deshecha la Unión Soviética, aquellas riquezas que ofrecía el sistema Capitalista no llegan para todos. Lo que unido a las ansias de acumulación características de este Sistema, acaban por comprobar que hay más dinero corriendo del que existe, por lo que estallan una tras otra sus burbujas, volviendo a concentrar los capitales y dejando por el camino un reguero de cadáveres de pretendidos burgueses que apostaron por políticas neoliberales, neocolonialistas, sin más firmeza que una red por donde el poder de los grandes capitales barría colándolos como minucias, que son en realidad ante el poder transnacional del Capitalismo.

«Hombres libres y esclavos, patricios y plebeyos, nobles y siervos, maestros jurados y compañeros; en una palabra, opresores y oprimidos, en lucha constante, mantuvieron una guerra ininterrumpida, ya abierta, ya disimulada; una guerra que termina siempre, bien por una transformación revolucionaria de la sociedad, bien por la destrucción de las dos clases antagónicas.»

Vendieron, sucumbieron sus estados ante el Capitalismo. Fueron los mejores colaboradores para preparar el sacrificio, sin tener la menor sospecha de hasta donde llegaría la crueldad del Capitalismo. Pero actuando aún como títeres de los poderes financieros y hasta como verdugos, si hace falta, sumiendo a la Clase Trabajadora en el mayor retroceso histórico, en cuanto a pérdida de derechos, y unas nuevas condiciones legislativas, de una crueldad que nadie podría imaginar una década antes.

La peor parte nos la llevamos la Clase Trabajadora: los que estamos en la producción y nos habíamos acomodado dejando que las herramientas las manejaran otros.

Vimos como los sistemas democráticos nos robaban los derechos que antaño costaron sangre, sudor y lágrimas que se asumieran. Cómo, en realidad, estábamos expuestos a una inseguridad jurídica, mientras se les prometían «garantías jurídicas» y se hacían legislaciones paralelas escoradas completamente hacía los intereses del capital, siendo además una pequeña bombona de oxígeno para la atolondrada burguesía, que veía caer el poder del consumo a mínimos impensables.

La balanza está tocando fondo y, como cuando un péndulo llega al extremo, por naturaleza acabará yendo al otro lado. Y vemos una tras otra reacciones en la calle, batiendo todos los records en número de manifestaciones, verificando que existe un movimiento ciudadano, posiblemente desarticulado, pero más fuerte que nunca y prometiendo un cambio necesario en la historia de la humanidad. No habrá entonces motivos para ignorar que la violencia que se genere será fruto de la crueldad que hoy implanta el Capitalismo, de mano de los gobiernos títeres y sumisos que esgrimen su teórica «libertad democrática», que resultó ser libertades para los capitales y sus mercados.

La regla natural dice que «la violencia genera violencia» que «lo que se siembra hoy es lo que se recoge mañana» y que el extremo alcanzado no va a permitir a los trabajadores esperar a que esa «clase feudal», conocida por burguesía, se vuelva a alinear con el Pueblo, como hiciese en la Revolución Francesa, para que rueden cabezas. Porque a estas alturas no hay nadie inocente, nadie ignorante de lo que está pasando y que no haya elegido bando, ya desde la complicidad apática y permisible, ya desde la participación activa.

Esto no lo para nadie. Escoge bien tu bando o asume el que te ha tocado: estamos a dos pasos del cambio.

 

 

 

 

Pedro González Cánovas

Miembro de Alternativa Nacionalista Canaria

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