’23-F La película’. Un fallido golpe documental

23-F La películaPelícula oportunista que el año pasado intentó sacar tajada del 30 aniversario del golpe de estado pero que no logró pasar de lo anecdótico y de lo que ya estamos cansados de oír.

 23-F La película es un título que le viene tal vez un poco holgado a un documental que, al menos desde el punto de vista cinematográfico llega, como mucho, a la categoría de ‘telefilm’. Es por eso que el año pasado, haciendo caso de mi intuición, no fui a ver esta película al cine ni alimenté de ninguna manera la sobresaturación informativa a la que fuimos sometidos durante el 30 aniversario del golpe de estado. Porque éste es otro de esos temas manidos de la idiosincrasia española sobre los que ya se ha dicho mucho, pero sobre el que nunca llegaremos a saberlo todo.

Hace unos días se cumplían 31 años de esa tarde “en la que todo pudo haber cambiado”, como rezan los epígrafes de los libros de historia, crónicas y reportajes que se han firmado desde entonces. Sin embargo, todos sabemos que los aniversarios que no acaban en ‘0’ o en ‘5’ no tienen demasiado interés para nadie, así que ha sido uno de esos años en los que el golpe de estado ha pasado por los informativos como algo ‘anecdótico’, mucho menos relevante que la llegada de un cadavérico Iñaki Urdangarín a los Juzgados de Palma de Mallorca, que si el Rey hubiera sabido entonces que los yernos le iban a salir rana y el Príncipe se iba a casar con una periodista, igual hubiera aprovechado la oportunidad de blindar la Institución cuando tuvo ocasión.

Pues lo mismo sucede con 23-F La película, que bajo la dirección de Chema de la Peña –Isi/Disi-, se queda en un intento fallido de golpe documental porque, aparte de rescatar imágenes de archivo e insertarlas en una ficción documental aceptable, construida con una narrativa bastante periodística, no aporta mucho más de lo que ya hemos comido, masticado y digerido. Y eso que, con todo, el guión quiere acercarse en cierto modo -y según palabras del director- a las tesis defendidas por Javier Cercas en el libro Anatomía de un instante, si bien termina disipándose en los propios clichés del momento.

Tanto en la realidad como en la ficción, a día de hoy no conocemos verdaderamente a los ‘personajes’ de este acontecimiento en la historia nacional. Siguen siendo personajes acartonados, el ‘atrezzo’ de una representación casi teatral de unas circunstancias que aún no nos han revelado con los detalles necesarios para construir una obra con ‘alma’, una historia que no se limite a diputados con patillas, tiros en el Hemiciclo y chaquetas de pana.

Para que 23-F La película se mereciera el título que lleva, no necesitaría cambiar de actores –bastante creíbles, aunque en algunos casos y, a falta de esa profundidad, rozan la caricatura-, ni más presupuesto. Lo que hace falta es un cambio de guión y para ello hacen falta más datos. Por ejemplo, que se desclasifiquen los documentos y grabaciones que se produjeron entre la tarde del 23 de febrero de 1981 y la mañana del 24, tal como recientemente se ha hecho en Alemania, donde han salido a la luz detalles que en España aún no conocíamos.

Hasta que toda esa información no esté sobre la mesa –y a tenor de la negativa del Congreso, parece más que complicado-, de poco nos sirven estos intentos documentales para contarnos un cuento más trillado que el de Caperucita Roja.

Celina Ranz Santana

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