‘Yo, él y Raquel’

'Yo, él y Raquel'

Todo es más llevadero cuando hay esperanza

No es tanto la certeza de que las cosas vayan a cambiar a mejor, sino la posibilidad de que ese cambio se produzca en cualquier momento. En Yo, él y Raquel el director Alfonso Gómez-RejónRed Band Society, Los diarios de Carrie– nos regala esa esperanza durante las casi dos horas de metraje de esta peculiar película.

En su último año de instituto un cúmulo de acontecimientos transforma la vida de Greg, un adolescente lleno de complejos e inseguridades. Obligado por su madre, empieza a ver a una vecina de su edad, compañera del instituto, a la que le acaban de diagnosticar leucemia. Lo que comienza como una cita por compromiso termina convirtiéndose en una sincera amistad entre Greg, Rachel y Earl, el único amigo del protagonista.

Con la sombra de la enfermedad persiguiendo a los tres adolescentes, Gómez-Rejón crea una historia de superación en la que las escenas lacrimógenas han sido sustituidas por el humor y la ironía. Esto no implica que Yo, él y Raquel no sea una película con una gran carga emocional, a pesar de que, como Greg advierte desde el principio, no es la típica historia de amor y amistad. Es más bien una historia sobre el rechazo y cómo éste afecta de diferente manera a cada uno de los protagonistas.

A medida que pasa el tiempo, Greg, Earl y Raquel no sólo se descubren entre ellos sino que, en su relación, parecen ir descubriéndose a sí mismos: sus anhelos, sus temores y sus fantasías van cobrando forma hasta definir el espíritu de las complicadas circunstancias que les unen. Nos convencemos de su optimismo incluso en los momentos más bajos, porque necesitamos creer en que hay esperanza y de esta manera estos tres personajes nos hacen disfrutar plenamente de una historia que, narrada de otra manera, no habría obtenido el mismo efecto optimista en el espectador.

El final de Yo, él y Raquel nos recuerda la importancia de mantener la ilusión especialmente en los momentos adversos y de encontrar un espacio en el que acomodarse para enfrentarse a ellos sin perder la sonrisa.

Celina Ranz Santana

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