El sillón del diablo

El sillón del diabloMobiliario con poderes maléficos.

“Sólo aquellos que tengan altos conocimientos medicinales podrán sentarse en el sillón maldito. Quien se siente tres veces en el sillón sin tener dichos conocimientos, morirá. Y todo aquel que intente destruirlo, perecerá en el intento”.

Ésas fueron las últimas palabras de Andrés de Proaza, un joven portugués que se había trasladado hasta Valladolid para continuar con sus estudios de Anatomía. De Proaza fue detenido y condenado a muerte en 1587 por el secuestro y el asesinato de un niño cuyo cuerpo presuntamente había utilizado para avanzar en sus estudios de Anatomía.

Durante el Juicio al que fue sometido, Andrés de Proaza aseguró haber recibido el regalo de un hombre procedente de Navarra que tenía conexiones con el ámbito de la Nigromancia. Dicho hombre le había entregado un sillón. Un sillón maléfico que le permitía contactar con el mismísmo Diablo y que éste le proporcionaba los conocimientos que necesitaba para progresar en su carrera como médico.

El joven estudiante luso fue ejecutado y sus pertenencias acabarían formando parte del inventario de muebles de la Universidad de Valladolid. No volvió a hablarse de su misteriosa procedencia hasta que un día uno de los bedeles apareció muerto y sentado en éste. Lo mismo habría de ocurrirle a su sustituto, lo que hizo que se extendiera esta leyenda negra conocida como ‘El sillón del diablo’. Para evitar que alguien volviera a sentarse en ella, durante mucho tiempo la silla estuvo colgada boca abajo en el techo de la capilla de la antigua Universidad de Valladolid.

Esta particular pieza de mobiliario se encuentra en el Museo Palacio de Fabio Nelli de Valladolid.

 

 

 

El Ilustrador

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