‘Sexo fácil, películas tristes’

'Sexo fácil, películas tristes'

… Y lugares comunes.

No lo he escrito con ánimo de ofender. Lo de ‘lugares comunes’ es, en este caso, una referencia tanto hacia lo positivo como hacia lo negativo de la historia que nos presenta Alejo Flah en la dirección de su primer largometraje.

Los lugares comunes de Sexo fácil, películas tristes son precisamente el pretexto de toda la historia y la metahistoria de esta película. Flah los utiliza como ‘trampa’ para narrar las dificultades con las que se encuentra un guionista –Ernesto Alterio: Incautos, Amigos– cuando, en un momento de inestabilidad emocional recibe el encargo de escribir una comedia romántica que en su subconsciente está protagonizada por Marina –Marta Etura: Mientras duermes, Los últimos días– y Víctor –Quim Gutiérrez: La cara oculta, Primos-. La historia se narra pues en dos planos, el de la realidad desde la que escribe Alterio, y la ficción que protagonizan Gutiérrez y Etura. Una estructura narrativa que, bien articulada, siempre da mucho juego. Y Flah ha sabido manejar las herramientas con precisión.

Sin embargo, la película cae en la trampa de su propio engaño y, a medida que avanza, se convierte en la previsible historia de amor de la que habla el guionista. Se cumplen todos los lugares comunes sin excepciones, perdiendo el encanto de la primera mitad de la cinta y rindiéndose ante lo previsible.

Aparte de esta cierta falta de originalidad que en algunas ocasiones resulta empalagosa, la dirección de Flah está muy por encima de los largometrajes de muchos directores no primerizos y eso se traduce en interpretaciones naturales y creíbles a pesar de que los personajes acaben enredándose en una historia poco sorprendente.

Celina Ranz Santana

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