‘La Teoría del Todo’

‘La Teoría del Todo’

No todas las historias de superación son emocionantes.

Después de ver la biopic sobre Alan Turing –The imitation gameLa Teoría del Todo se presentaba como una de mis favoritas para este comienzo de año. Sin embargo y, a pesar de que no me atrevo a decir que sea una ‘mala película’, tampoco me ha parecido nada extraordinario.

Basándose en el relato de la primera mujer de Stephen Hawking –Jane Hawking-, James MarshAgente doble, Proyecto Nim– dirige esta película sobre la vida del astrofísico desde el comienzo de su enfermedad degenerativa hasta su nombramiento como Caballero de la Orden del Imperio Británico, título que acabaría rechazando.

Este período de aproximadamente 25 años coincide con su relación con Jane, la filóloga que se convertiría en algo más que su compañera sentimental, primera esposa y madre de sus hijos. La Teoría del Todo narra la entrega de Jane Hawking a un matrimonio complejo, no solo por el hecho de entregarlo todo al cuidado de una persona incapaz de valerse por sí misma, sino por tener la responsabilidad de dar a conocer el pensamiento de una de las mentes más brillantes del siglo XX.

Así pues, La Teoría del Todo es la historia de superación de los dos protagonistas, el deterioro físico que sufren los dos a medida que pasa el tiempo y el desgaste de una relación que pasa del amor a la admiración y que finalmente solo se puede quedar con la solidez de una gran amistad. Pero no todas las historias de superación son emocionantes. Al menos eso es lo que me ha parecido en esta película a la que evidentemente no le falta dramatismo pero que, por algún motivo, carece del ‘gancho cinematográfico’ de otras historias. A pesar de la complejidad de la situación, la enfermedad de Hawking, con toda la dureza de su realidad, no termina convirtiéndose en un prodigio de admiración. Al astrofísico no le falta valentía ni coraje y, evidentemente, tiene un gran mérito el que, a pesar de las circunstancias en las que le ha tocado vivir, haya logrado encontrar el camino de que sus pensamientos no desaparecieran en el agujero negro del silencio al que estaba condenado.  Sin embargo, no veo emoción en la película de Marsh. Tal vez me he vuelto de piedra, pero ya no paso por el aro de las películas en las que hay que llorar porque es lo que toca o a las que hay que alabar porque es lo que todo el mundo espera o porque es lo políticamente correcto.

De sus cinco nominaciones, me parecen justas las de los dos actores protagonistas, pero no comparto la de Mejor Película porque, tratándose de una biopic, me quedo con la sensación de que no he llegado a conocer nada de lo que hay en el interior del astrofísico y solo superficialmente el sufrimiento al que se enfrentó su entorno para poder seguir adelante a pesar de la enfermedad.

 

 

Celina Ranz Santana

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