Penitenciaría Eastern State

Eastern StateMás allá del castigo.

Esta institución, erigida en 1829, está considerada la primera penitenciaría ‘real’, ya que sus métodos de castigo estaban orientados –al menos en teoría- a que los internos reflexionaran sobre la maldad de sus actos.

Esta penitenciaría de Filadelfia –EE.UU- realmente confiaba en la rehabilitación y reintegración de los presos en la sociedad, pero para ello debían de superar un período de confinamiento extremo en el que, bajo ningún concepto, podía establecerse contacto con cualquier otro recluso, de tal manera que, cuando se les sacaba de sus celdas, se les cubría incluso la cabeza para que no vieran a otros compañeros.

La prisión está estructurada en un gran número de pequeñas celdas y corredores que se asemejan a la distribución de un monasterio. En muchos puntos, las puertas de acceso son de un tamaño particularmente reducido que obligan a agachar la cabeza para atravesarlas y se cree que esto formaba parte del acto de ‘arrepentimiento’ del recluso. Varias décadas después, las necesidades de ampliación del recinto debido al aumento del número de internos obligó a un cambio en el sistema: del confinamiento a la congregación.

En cualquier caso, la penitenciaría no era un mal sitio para los reclusos. De hecho, se estima que más de 300 instituciones de este tipo en todo el mundo copiaron sus métodos y su gestión con aspectos tan positivos para los presos como el derecho a una ducha con agua caliente. Sin embargo, el incumplimiento de sus estrictas reglas de funcionamiento derivaba en crueles castigos que alimentaron la leyenda negra de esta institución por la que, al parecer, todavía merodean los espíritus de aquellos que perecieron en la tortura.

La penitenciaría cerró sus puertas en 1970 y tras dos décadas de abandono se decidió invertir en su reconstrucción hasta convertirse en un museo con visitas guiadas que durante tres meses al año ofrece la posibilidad de realizar investigaciones nocturnas en sus dependencias a un reducido grupo de ‘exploradores’ –no más de 20- meticulosamente escogidos para la labor de perseguir fantasmas. Con todo, ya desde el siglo XIX la penitenciaría fue un punto de interés turístico que en su momento atrajo a curiosos como Charles Dickens y Alexis De Tocqueville. Entre sus presos más ‘célebres’ estuvieron Al Capone, Willie Sutton –que logró escapar escavando un túnel de 30 metros de longitud- e incluso un perro culpable del asesinato del gato del gobernador de Pennsylvania en 1924.

 

 

El Ilustrador

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