’12 años de esclavitud’

'12 años de esclavitud'Todavía hay mucho que contar.

Una de las grandes favoritas de los próximos Oscar es esta adaptación cinematográfica de Steve McQueenShame, Hunger– sobre la autobiografía de Salomon Northup, un músico estadounidense negro que a mediados del siglo XIX  fue vendido como esclavo en una plantación de algodón al sur del país. La dureza de esta historia hace inevitable que el producto sea una película desgarradora, impactante y dolorosa, y hay que agradecer a McQueen no solo su acierto como director sino su determinación a la hora de llevar a los cines un relato que el mundo necesitaba conocer.

Me ilusionan las películas que son capaces de contar algo sobre lo que pensábamos que ya estaba todo escrito. Se han rodado muchas historias sobre la esclavitud y sobre las atrocidades que es capaz de cometer el ser humano cuando se cree superior a otros de su especie. Pero la visión que nos presenta Salomon Northup en la narración de su propia vida y la mirada triste y desesperada de Chiwetel EjioforSalt, 2012-, en una interpretación sobresaliente de su personaje, son difíciles de olvidar.

El sufrimiento y la angustia no son un freno para el protagonista que, a pesar de las atrocidades de las que es víctima y testigo, intenta no perder nunca la ilusión de volver a ser libre. La venganza y el odio, que desde luego están también presentes en su interior, son aspectos secundarios, porque la supervivencia es el motor de esta historia. Sin embargo, el paso del tiempo provoca en Solomon heridas más doloras que las del látigo con el que su ‘amo’ –Michael Fassbender, El consejero, Shame– descarga a diario su ira contra los negros. Los años harán que Solomon pierda en parte su identidad y asuma, como lo han hecho el resto de sus compañeros, que no hay más vida que la de esclavo.

12 años de esclavitud provoca sentimientos similares a los de El color púrpura, otra de las grandes adaptaciones cinematográficas que, al competir por los Oscar en 1985 con Memorias de África –otra de mis favoritas-, se quedó con un reconocimiento a medias: muy buena crítica pero pocas estatuillas. Veremos lo que sucede con esta película. En cualquier caso, estoy segura de que está predestinada a convertirse en un clásico, y permanecer en la memoria de los espectadores es mucho más que un pedazo de metal.

 

Celina Ranz Santana

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